Prólogo
de Mariana Capurro
A la hora de establecer una crianza efectiva con nuestros hijos (entendiéndose por «efectiva» una crianza respetuosa y amorosa que potencia la autonomía y la autoestima, y que busca el camino para que desarrollen sus mejores habilidades), es imprescindible tener en cuenta muchísimos aspectos. La gran mayoría de ellos los podemos aprender leyendo manuales, trabajando en nosotros mismos mediante la ayuda de profesionales y poniendo en práctica un cierto grado de humildad que nos permita asumir los aciertos y los errores como parte del proceso de aprendizaje.
Permitidme un apunte antes de continuar. En este discurso, siempre es importante no perder la perspectiva y entender desde la tranquilidad que nuestros hijos nos querrán y nos aceptarán incondicionalmente, aunque seamos imperfectos. Ellos tienen esa virtud de la que a veces nosotros carecemos.
Retomando el tema principal, hay un aspecto, a mi modo de ver, relevante y muy difícil de conseguir en la crianza al que, por mucho que nos enseñen y por mucho que intentemos trabajarlo, no siempre dedicamos la atención que se merece: construir una red.
Sí. Hay que construir una red que te acompañe en el crecimiento de tus hijos, que represente un sostén firme, que te permita tener la seguridad de que no estás solo, que te arrope cuando sientes que no puedes más, por mucho que la mirada tierna y confiada de tus hijos lo desmienta siempre. Que te permita disfrutar de esos ratitos que se dan muy de vez en cuando para poder cuidar de ti mismo. Que te dé la tranquilidad de saber que, si un día tienes fiebre y no puedes levantarte de la cama, podrás quedarte en ella, en lugar de seguir adelante con todo, como solemos hacer casi siempre. Que te brinde la oportunidad de hablar y de compartir las situaciones que te han ayudado y también las que no te han servido.
¡Qué importante es la red, ¿verdad?!
Pues Diana es mi red.
Recuerdo exactamente la fecha en la que contacté con ella: el 8 de enero de 2021. Por ese entonces, yo empezaba mi andadura por este tremendo y particular mundo de las redes sociales. Aunque tan solo tenía un 30 por ciento de los seguidores que Diana acumulaba, se me ocurrió escribirle un mensaje pensando que me haría poco o ningún caso. Pero no fue así, y no solo lo leyó, sino que además aceptó que hiciéramos juntas un directo. En ese preciso momento empezamos a tejer una red cuyos frutos iban a sorprendernos al cabo del tiempo.
Para explicar la necesidad y la importancia de esta red de la que os hablo, dejadme que os cuente una experiencia personal. Resulta que la persona (mi tía) que se tenía que encargar del cuidado de mis tres hijos el día de la conexión con Diana sufrió un amago de infarto unos días antes. Afortunadamente, mi tía se fue recuperando, y mi máxima preocupación volvió a ser no perderme el directo en Instagram con Diana para hablar sobre crianza.
Tenía a toda la familia revolucionada (mi red) para ayudarme a hacer esa conexión. A mi tía le dieron el alta el mismo día de la conexión, por la mañana, y no dudó en decirme que dejara a los peques a su cuidado durante los cuarenta minutos que iba a durar la charla. Por nada del mundo quería que yo perdiera la oportunidad de conectarme. Y así fue; mis hijos estuvieron en casa de mi tía pintando dibujos con ella hasta que terminó la conexión.
El directo fue genial. Yo aparecí con una sonrisa de oreja a oreja, disfruté al máximo de ese ratito y nadie se enteró de lo que habíamos tenido que sumar entre todos para que yo pudiera sentirme así.
Mi red me había dado el sostén necesario.
Construid, pues, vuestra red para no quedaros solos frente a la inmensidad que supone la maternidad/paternidad, solos frente a lo mucho que hay que aprender, frente a las miradas que juzgan, frente a nuestra propia culpa, que a menudo nos priva de poder disfrutar de la crianza. Construidla también para no quedaros solos ante las sombras de vuestra propia infancia, para que os sostengan y os vuelvan a impulsar hacia arriba en el preciso momento en que sintáis que estáis a punto de caer.
Gracias, Diana, por ser todo eso en mi vida.
Gracias, Diana, por ser mi red.
MARIANA CAPURRO
Psicóloga general sanitaria especializada
en niños y adolescentes
Prólogo
de Paola de la Cruz
En un mundo lleno de desafíos y cambios constantes, la importancia de criar, educar y acompañar a la infancia se vuelve más relevante que nunca. Debemos asumir la necesidad de llevar a cabo una reeducación de la sociedad para relegar las prácticas tradicionales de la rancia educación, aquellas que relacionan de manera directa el acto de educar con los castigos, las amenazas o las técnicas de manipulación basadas en el miedo y el mando adulto.
Para avanzar como sociedad, debemos hacer un cambio de mirada y establecer como norma el educar bonito. Este acompañamiento a la infancia se debe basar en el respeto, el apego, la pedagogía del abrazo, el silencio y la escucha. La idea es legar a la infancia un mundo adulto comprometido con el reconocimiento de las necesidades y los derechos de los niños y las niñas.
La crianza, el apego y la disciplina positiva son tres pilares fundamentales en la educación. Sin embargo, durante mucho tiempo ha prevalecido la idea de que el uso de castigos y amenazas era la forma adecuada de corregir ciertas conductas. La educación tradicional ha dejado huellas profundas en nuestra sociedad y ha generado un impacto negativo en la manera que tenemos de relacionamos con los demás y de enfrentarnos a los desafíos de la vida.
Por ello nos encontramos ante la necesidad de replantearnos dicha visión y abrirnos a un enfoque educativo basado en el respeto, el desarrollo natural e individual y la disciplina positiva. La reeducación del mundo adulto se hace imprescindible si queremos construir un hoy y un futuro en el que los niños y las niñas crezcan en un entorno respetuoso, donde se sientan valorados, comprendidos y sentidos. Es nuestra responsabilidad como adultos, ya seamos padres, madres, educadores o miembros de la sociedad, asumir la educación como otro patrimonio social.
La disciplina positiva nos invita a desligarnos de las prácticas punitivas y a adoptar una perspectiva basada en el acompañamiento, pero sobre todo en el ejemplo. Es a través de este modelo de crianza respetuosa y consciente que podremos guiar a los niños hacia un desarrollo emocional saludable. La disciplina positiva no niega los límites, sino que los establece de manera clara, firme, empática y afectuosa, y fomenta en todo momento la autonomía y la responsabilidad consciente, sin prisas ni expectativas adultas.
No podemos olvidar que la educación de los niños y las niñas no solo recae en manos de los puntos de referencia o en los docentes, sino que es una tarea compartida por toda la comunidad. Todos hacemos humanidad. Cada adulto que interactúa con un niño tiene la oportunidad de dejar una huella positiva en su vida, ya sea un familiar, un vecino o un amigo. Todos podemos contribuir a su desarrollo, enriquecer su experiencia de vida y legar valores fundamentales.
Por ello, me gustaría expresar mi agradecimiento a Diana por invitarme a formar parte de este proyecto. Su entrega a los niños y a las familias es admirable, al igual que su compromiso con la educación y la cultura de la infancia. Con esta iniciativa, nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre nuestro papel como adultos en la crianza y la educación, como dadores de cuidado a los niños de hoy y futuros responsables del mañana.
Guiar la infancia es una labor de vital importancia. La reeducación del mundo adulto es necesaria para desterrar las prácticas educativas nocivas que hemos heredado y así construir un entorno en el que los niños puedan convertirse en personas adultas responsables y capaces de generar vínculos sanos.
Asumamos la educación como un regalo para la vida de ellos y ellas y basémosla en la crianza con amor.
Olvidémonos de la perfección y simplemente recordemos que lo más importante para iniciar un cambio en cualquier aspecto es recordar que no somos perfectos. La infancia pide del mundo adulto el respeto a su individualidad, el derecho a sus tiempos y el reconocimiento a su belleza imperfecta. Recordad, no hay mejor herencia que educar y amar.
PAOLA DE LA CRUZ
Maest
